Las huellas de los nómadas
por Emiliano Hernandez
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Un fin de semana transformador: más allá de lo físico
El fin de semana pasado, nos sumergimos en el emocionante mundo de las carreras de relevos con "Sal a Valle". Sin embargo, no fue solo un desafío físico; se convirtió en una experiencia que dejó una profunda huella en nuestra percepción del running, resaltando la importancia de la comunidad y el apoyo mutuo.
De Ixtapan de la Sal a Valle de Bravo: metamorfosis colectiva
Empezamos la carrera cinco personas, cada una con personalidades diversas y experiencias únicas. Al llegar a Valle de Bravo, nos convertimos en un equipo cohesionado y altamente efectivo. Esta metamorfosis fue evidente en los 107 kilómetros de terreno variado: ascensos, descensos, adoquines y caminos pavimentados.
La lección fundamental que aprendimos es que correr va más allá del individuo; es una comunidad, una unión y un esfuerzo de equipo. La sinergia entre nosotros fue excepcional, siendo cada uno un eslabón vital para alcanzar la meta. Juntos, creamos una experiencia emocionante y motivadora que superó todas nuestras expectativas.
Forjando vínculos a través del esfuerzo: la fuerza del colectivo
A lo largo del recorrido, comprendimos que correr nos fortalece cuando compartimos vulnerabilidad, esfuerzo y cansancio. A pesar de los nervios y la incertidumbre iniciales, el fin de semana concluyó con un emocionante tercer puesto que se sintió como el primero. Este logro fue posible gracias a la confianza en nuestras capacidades y al apoyo incondicional de todo el equipo, que fluyó como uno solo.
Paola Vilchis expresa su gratitud: «Estas personas se convirtieron en un apoyo invaluable, cambiando no solo nuestra perspectiva como corredores, sino también nuestras vidas por completo. Agradecemos a todos por creer en nosotros e invitarnos a un evento que ha transformado nuestra trayectoria como equipo de corredores».
Un espíritu sin expectativas y energía contagiosa: El poder de disfrutar juntos
Alejandro Peguero revela: «Nos sentíamos despreocupados, llenos de emoción por el simple objetivo de disfrutar cada kilómetro y cada momento con el equipo. Experimentamos las mejores sinergias, con personas perseverantes y una energía contagiosa de relevo en relevo. Sin duda, disfrutar kilómetros con amigos es sumamente emocionante».
La noche, una prueba de unidad: desafiando los límites colectivos
Pepe Vega comparte su experiencia en la profunda oscuridad de la noche, donde recorrimos 107 kilómetros trascendiendo los límites del cuerpo físico. La incomodidad y el dolor se convirtieron en fortalezas de nuestra odisea espiritual, demostrando que cuanto mayor era el desafío, más fuertes y unidos nos volvíamos. Durante 6 horas y 44 minutos, nos sentimos vivos, invencibles y capaces de lograr cualquier cosa.
Dejando Huellas hasta la Meta: Cruzando con Honor
Cervecería Nevado apareció ante nosotros, y los cinco bajamos de la camioneta, listos para cruzar el arco de meta. Triunfantes por el rendimiento que dimos durante esos 107 km, sabíamos que habíamos puesto toda nuestra energía en dar lo mejor de nosotros en cada momento, eligiendo a nosotros mismos y a nuestros cuerpos para algo muy diferente a todo lo que habíamos hecho antes. La victoria no solo residía en el resultado, sino en la transformación colectiva que experimentábamos con cada kilómetro.